Que fácil hubiera sido y que difícil lo hacemos. Míranos por un momento. Cada mirada que haya en nosotros nos pronuncia, nos necesita. Mi mirada ya está rota y créeme, difícil de recuperar. Acabaste conmigo y contigo. Queda mejor decir con nosotros.
Buscando en otros lo que encontré en ti hace tiempo, antes de que cambiara todo tanto. Tantísimo. Podría ser que me equivoque ¿qué más podría perder? Toda la vida estaría equivocándome contigo, pero me prometí no volver a condenarme.
Cada uno elige su propia necesidad, su propio suspiro que nos dé día a día de su sustancia para poder reflejarnos en alguien. Llegué a sentir esto, varias veces, por no decir todas en las que te miraba. Y en las que no te tenía. Y en las que te tenía y no te miraba.
Fuiste tu en su día, ¿recuerdas? Hasta que por desgracia o por suerte supiste como acabar con mi necesidad. Por suerte, tal vez. Decirlo así ya no haría daño, de haberme seguido equivocando no hubiera encontrado a personas que ahora mismo no sacaría de mi ni por lo más enorme del mundo.
He cambiado demasiado, me has hecho cambiar. Me escucharías y dirías lo mismo, los dos lo hemos hecho. Pero aunque el alma siga rota, mi corazón sigue siendo el mismo y se que tarde o temprano, llegará alguien con ese adhesivo que sepa como recomponerlo. O tal vez no, que más da.
He hecho cuentas y me debo mucho, al igual que al tiempo. Ha sido quien me ha dado las explicaciones que me han faltado escuchar de ti, las que tanto me hacían falta y las suficientes como para tragar toda nuestra historia sin ahogarme. Siempre quedará un restito de ti, de todo esto que fue y de lo que podría haber sido. Eso también es irremediable, aunque de esto ya no exista adhesivo que lo recomponga.